Una historia es una historia porque esta, en su defecto, puede ser contada. Yo no la cuento porque sea interesante que todo el grupo humano sepa de tu historia (aunque si ambiciono quedar en los libros de historia), sino que para que un recuerdo prevalezca y persevere en el tiempo. ¡Hay que poner ojo en que no es lo mismo!
Como había dicho antes, yo cuento historias para que prevalezcan los recuerdos, para que perseveren en el tiempo. Lo hago porque es una dicha poder escribir poesía y cuentos. ¡Porque es decir lo que más deseo! Escribo porque hay brillos en las palabras que se cargan de felicidad, y podemos verla una y otra y otra vez. ¡Allí están!, solo tienes que verlas en ti y sentirlas. Sentir que nada es imposible, que todo se puede lograr, que el mundo gira para poder cumplir los deseos de cada uno de nosotros. Escribo para que los recuerdos cargados de este brillo, esta felicidad, este “Todo es posible”; prevalezcan y perduren en el tiempo.
El tiempo es otra parte de esta unidad irrompible que nos forma, otra parte de la cadena de la que somos un eslabón más. Uno más, pero no por eso menos importante que le anterior. Somos únicos, pero parte de una perfecta unidad. Y esta unidad me permite contar las Historias que cuento, escribir los poemas que escribo. ¡Porque no solo yo lo he sentido así!, porque en alguna parte del mundo alguien más está sintiendo la misma emoción, y ha dado fuerza a estos recuerdos para que prevalezcan y perduren igual que yo lo hago ahora.
Tanto él como yo, estamos contando una Historia, no porque sea interesante que todo el grupo humano lo sepa, sino, nuevamente, para que prevalezcan y perduren esos recuerdos… algún día lejano o cercano, alguien más los leerá y dirá: “¡Oye!... ¡Yo también me siento así!” Y en ese momento, vivo o muerto, cerca o lejos, joven o viejo; sentiré la felicidad de que lo que escribí, finalmente… Sirvió.
En sus ojos...
Yo, Escritor.
Escrito por
-Cristóbal-
4 dic 2009


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